Bueno y henos aquí de nuevo. Cómo estás, bien gracias y tú, la básica cortesía que en realidad quisieras que pasara rápido para ir al grano. Y el grano es un conjunto de hilos enredados, sin pies ni cabeza, sin comienzo ni fin, que en vez de querer buscar un extremo para empezar a desenredarlo todo, dan ganas de dar la vuelta y salir corriendo.
Así es cada vez que hablo con mi hermana. Antes de venirme de viaje, estábamos muy conectadas. El tiempo pasó, la distancia... no lo sé. A veces me da la impresión de que estoy hablando con una desconocida.
Su queja no es por su trabajo. Le va bien. A su corta edad tiene un puesto de responsabilidad que ya hubieran querido muchos. Viaja mucho, por el país, y fuera de él. Vive experiencias interesantes, conoce lugares, y cada vez que lo hace, su vida se enriquece un poco más. Al menos, así lo veo.
Tiene su departamento sola, buena ropa, su coche, dinero, viaja a donde quiera cuando puede, es una mujer soltera de nuestra generación. Mujer con ambición, dura, buena en su trabajo, entregada... pero infeliz. Muy infeliz.
OK. No estuvo fácil. Su historial de hombres es más largo que el mío, y de todos no haces uno. Ella lo sabe, y le frustra. No es que no pueda atraer a los hombres. Lo hace, y demasiado bien. Es bonita, y lo sabe. Pero ya no lo disfruta.
En éstas últimas "ocasiones" de chateo, las conversaciones se han convertido en un rosario interminable de quejas contra sí misma, de blasfemias contra la fe en el amor, concluyendo con la sentencia segura de que ella nunca encontrará a nadie y jamás habrá de casarse.
Y tiene 29 años.
La cuestión es, y lo mencioné en el post anterior, tener una relación fue algo que me costó un mundo. El sacar ésta relación a flote fue toda una prueba de perseverancia, paciencia, tolerancia y comprensión. Y amor, obviamente. Muchas veces, me ví haciendo exactamente lo contrario de lo que siempre predicaba. Que el amor a una misma, que si una cabrona haría lo que yo estaba haciendo, se va todo al diablo. Sí, el tener una relación no es nada fácil y muchas veces, no es precisamente el paraíso de miel sobre hojuelas que pareciera que es. ¿Está todo el mundo listo para lo que viene? ¿Estás realmente dispuesta a ceder? ¿A tragarte muchas cosas? Porque te tengo noticias. Los hombres de hoy, o al menos eso pienso, tienen unos problemas existenciales, en lo que se refiere a las mujeres, que probablemente ninguna generación haya tenido antes. No saben qué papel jugar. Ya no son los machos dominantes que buscan a una mujercita ingenua que les consecuente todo, y no es porque no quieran, es simplemente porque ya no pueden costeárselo. Ya no saben si tener la iniciativa de buscar un encuentro, o de esperar a que las mujeres la tengan. No saben a qué atenerse cuando han encontrado a alguien. No saben cómo actuar. Sí, algunas mujeres les dan miedo. Mujeres como mi hermana.
No es la única que lo padece. Tengo muchas amigas en lo mismo. A veces me pregunto si no caeremos en la utopía de encontrar a un amor platónico, que sea exactamente lo que soñamos, y que no estemos dispuestas a conformarnos con nada menos que éso. Me pregunto si, cuando finalmente, le das una oportunidad al amor para que las cosas sucedan, te apartas de ése ideal. Si te desvías un poco o si renuncias por completo a él. Lo que influye en ésa decisión, el peso de la soledad. En muchas mujeres, el peso del tiempo. ¿Terminamos adaptándonos a lo que hay?
No mi hermana, ciertamente. No está dispuesta a ceder ni ápice en su sueño. Pienso que puede llegar a ser o su fortuna o su ruina. Si pudiera ser su fortuna, necesita de una fuerza de voluntad inquebrantable, algo que no ha mostrado recientemente... ¿cómo culparla, cuando las señales envían un mensaje, pero la realidad envía otro completamente opuesto? Y no creo que pueda resignarse a su ruina por lo que le resta de vida. Paciencia. Tiempo. Reflexión. Pensar en tí misma y en lo que haces, tu trabajo o tu superación, es lo mejor que tienes porque es lo único que queda. Tu. Y un enorme espacio vacío alrededor. Pero conforme pasa el tiempo, tú vas llenando ése espacio, y vuelves a sentirte plena. Hasta que pasa otra linda carita... y pierdes de nuevo el equilibrio. Pero si no te arriesgas, si no te equivocas de nuevo... ¿de qué vale la vida entonces?
Son tiempos difíciles para el amor. Ya no es tan fácil ceder cuando se está en un mismo plano de intereses. ¿Y el amor? ¿Y el orgullo? Los dos no tienen cabida al mismo tiempo si en realidad es amor lo que estás buscando. Prepárate para convencerte de que cada vez que perdones o que cedas, no es el orgullo el que duele... es el amor que sobrepasa un límite. - Lástima que el amor un diccionario no tenga donde hallar cuándo el orgullo es simplemente orgullo o cuándo es dignidad - Gustavo Adolfo Bécquer.
lunes, 1 de marzo de 2010
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